sábado, 1 de septiembre de 2012

31 de agosto de 1967: sangre internacionalista derramada en Bolivia

Santiago de Cuba, agosto 31.- El 31 de agosto de 1967, los integrantes de la Retaguardia del Comandante Ernesto Che Guevara, bajo el mando del Comandante Juan Vitalio Acuña Núñez (Vilo en Cuba y Joaquín en Bolivia) perdieron la vida en una emboscada en el vado de Puerto Mauricio, sobre el Río Grande, en tierra boliviana.
Desde el mes de abril, el pequeño destacamento se había separado del Che con el objetivo de proporcionar atención a combatientes en malas condiciones físicas, pero no había podido reintegrarse al principal núcleo guerrillero. De sus diez integrantes, nueve cayeron ese día.
El grupo lo integraban, además de Joaquín, Tamara Bunke Bíder (Tania) alemana-argentina-cubana; Gustavo Machín Hoed de Bech (Alejandro) cubano; Israel Reyes Zayas (Braulio) cubano; Apolinar Aquino Quispe (Polo) boliviano; Walter Arencibia Ayala (Walter) boliviano; Freddy Maimura Hurtado (Ernesto o Médico) boliviano; Moisés Guevara Rodríguez (Guevara o Moisés) boliviano; Restituto José Cabrera Flores (Negro o Médico) peruano; y el único sobreviviente: José Carrillo (Paco) boliviano.
La traición de Honorato Rojas, un campesino de la zona, propició la emboscada. El traidor fue premiado por el entonces presidente de Bolivia, René Barrientos, con cinco hectáreas de tierra, en un lugar cercano a la ciudad de Santa Cruz. Allí creyó estar seguro, disfrutando lo medrado con su delación, hasta que la justicia revolucionaria le cobró el crimen, casi dos años después.
Sangre cubana, boliviana, alemana-argentina y peruana, tiñó ese 31 de agosto las aguas del Río Bravo. Los restos de los caídos descansan hoy junto a su jefe, el Che, en tierra cubana, no como recuerdo de un pasado inútil, sino como expresión de un presente donde fructifican sus ideas.


Memorial Comandante Ernesto Che Guevara, Santa Clara


El 31 de agosto de 1967, los integrantes de la Retaguardia del Comandante Ernesto Che Guevara, bajo el mando del Comandante Juan Vitalio Acuña Núñez (Vilo en Cuba y Joaquín en Bolivia) perdieron la vida en una emboscada en el vado de Puerto Mauricio, sobre el Río Grande, en tierra boliviana.
Desde el mes de abril, el pequeño destacamento se había separado del Che con el objetivo de proporcionar atención a combatientes en malas condiciones físicas, pero no había podido reintegrarse al principal núcleo guerrillero. De sus diez integrantes, nueve cayeron ese día.
El grupo lo integraban, además de Joaquín, Tamara Bunke Bíder (Tania) alemana-argentina-cubana; Gustavo Machín Hoed de Bech (Alejandro) cubano; Israel Reyes Zayas (Braulio) cubano; Apolinar Aquino Quispe (Polo) boliviano; Walter Arencibia Ayala (Walter) boliviano; Freddy Maimura Hurtado (Ernesto o Médico) boliviano; Moisés Guevara Rodríguez (Guevara o Moisés) boliviano; Restituto José Cabrera Flores (Negro o Médico) peruano; y el único sobreviviente: José Carrillo (Paco) boliviano.
La traición de Honorato Rojas, un campesino de la zona, propició la emboscada. El traidor fue premiado por el entonces presidente de Bolivia, René Barrientos, con cinco hectáreas de tierra, en un lugar cercano a la ciudad de Santa Cruz. Allí creyó estar seguro, disfrutando lo medrado con su delación, hasta que la justicia revolucionaria le cobró el crimen, casi dos años después.
Sangre cubana, boliviana, alemana-argentina y peruana, tiñó ese 31 de agosto las aguas del Río Bravo. Los restos de los caídos descansan hoy junto a su jefe, el Che, en tierra cubana, no como recuerdo de un pasado inútil, sino como expresión de un presente donde fructifican sus ideas.


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