jueves, 12 de diciembre de 2013

Zoya, la heroína soviética que resistió a los nazis

Javier De la Peña Ontanaya, Rusia Hoy 
 
Una partisana de 18 años fue la encargada de escribir su nombre en la historia de la Unión Soviética tras soportar crueles interrogatorios, múltiples vejaciones y ser ahorcada por los nazis. Fue la primera mujer en recibir la medalla de Heroína soviética y su fama se extendió por todo el país. 

Monumento a Zoya Kosmodemianskaya en la estación de metro Partizanskaya de Moscú. Fuente: Alamy / Legion Media




La vida e historia de la primera Heroína de la Unión Soviética pudo quedar en el olvido si Piotr Lidov, un periodista del dairio Pravda, no hubiera escuchado, casualmente y en boca de un anciano, el infierno por el que pasó la protagonista. Lidov acudió al lugar de los hechos y publicó un artículo ya histórico.
Zoya Anatólievna Kosmodemyanskaya nació en el seno de una familia religiosa el 13 de septiembre de 1923, en la aldea de Osino-Gay, cerca de la ciudad de Tambov, a unos 500 kilómetros al sureste de Moscú. El abuelo de Zoya fue un sacerdote ortodoxo asesinado en 1918 por un grupo de ateos.
El pasado religioso de la familia Kosmodemyansky fue el motivo principal para abandonar en 1929 su hogar y poner rumbo a Siberia, ya que de esta forma evitaban la persecución bolchevique. En 1930 la familia regresó al interior y se estableció en Moscú.

 Fuente: ITAR-TASS
Zoya asistió a la escuela nº 201 de la capital soviética escuela que aún hoy mantiene su nombre y una  estatua de la heroína en la entrada,
donde la joven destacó como una excelente estudiante, aunque sin buenas relaciones con varios de sus compañeros. En 1940 fue hospitalizada en la clínica moscovita Sokólniki, aquejada de una grave meningitis. Allí conoció al escritor Arkadi Gaidar.

La elección de su vida

Miembro del Komsomol (Juventudes comunistas) desde 1938, Zoya decide en octubre de 1941 ofrecerse voluntaria a la unidad partisana del Komsomol. Su madre trató de persuadirla de que ir a la guerra era un error, pero su hija estaba convencida: “¿Qué puedo hacer cuando el enemigo está tan cerca?”. El día 2 de octubre los nazis pisaban Moscú por primera vez.
Zoya fue enviada a la unidad especial 9903 el 31 de octubre junto con 2.000 voluntarios, que se convertirían en un grupo partisano de sabotaje y fuerzas de reconocimiento. Tras un breve período de entrenamiento, el grupo fue enviado a los alrededores de Moscú. Posteriormente, Stalin emitió una orden para impedir que el Ejército nazi fuese acogido en las ciudades soviéticas, por lo que el grupo de Zoya fue enviado a la zona de retaguardia alemana para incendiar esos poblados.
Uno de esos asentamientos se encontraba en la aldea de Petríshevo, cerca de Moscú. Zoya Kosmodemyanskaya acudió al poblado para incendiar las casas en las que se escondían los alemanes, pero fue capturada tras un chivatazo de un colaboracionista ruso, que recibió de los nazis una botella de vodka como recompensa –Stalin ordenó su fusilamiento tras la victoria soviética–. 

El infierno de Zoya

Desde ese momento comenzó el martirio de Zoya, que fue sometida a vejaciones y atroces interrogatorios. Los alemanes la llevaron a una de las cabañas donde se escondían y el teniente coronel Ryuderer la interrogó en ruso.

La prisionera no dio ninguna información útil, reconoció ser ella quien quemaba las casas y que su objetivo era “acabar con vosotros”. Nunca dio su nombre ni las posiciones del Ejército Rojo, por lo que los oficiales alemanes comenzaron a castigarla con sus correas. Los rusos de la choza contaron más de 200 latigazos y ni un sonido de la joven. Cuando terminaron con ella, los dueños observaron sus heridas y su boca ensangrentada, ya que se mordió los labios para no gritar, y sus manos sin uñas.
Los propietarios de la cabaña relataron algunas de las crueldades a las que fue sometida Zoya, que fue sacada constantemente al exterior, 20 grados bajo cero, desnuda. La prisionera pidió agua tras las palizas del interrogatorio, pero un oficial nazi tomó una lámpara de queroseno para hacérselo beber, aunque finalmente fue persuadido por los rusos de la cabaña.

El 29 de noviembre Zoya fue llevada a la horca e incluso algunos habitantes de la aldea participaron en las humillaciones a su compatriota. Una mujer arrojó agua para fregar a la condenada y otra la golpeó en sus piernas mientras la gritaba “¿Quién te hizo daño a ti? ¡Los alemanes no hicieron nada y tu quemaste mi casa!”. Zoya llevaba puesto un cartel sobre su pecho que decía: “Incendiaria”.
Cuando iba a ser colocada en la horca, Zoya se dirigió a los locales allí presentes animándoles a luchar contra los alemanes y a no llorar por ella, ya que estaba orgullosa de morir por su pueblo. Un oficial alemán trató de callarla, pero se apartó y pronunció una de sus frases más célebres: “Ahora me ahorcáis, pero no estoy sola. Hay otros 200 millones de compatriotas y no podréis colgarnos a todos”. Tenía 18 años.
Su vida y muerte aún siguen siendo objeto de disputa por algunos historiadores. En 1944 Lev Arnshtam dirigió una película, de fuertes tintes propagandísticos, titulada simplemente Zoya, sobre la vida de la partisana.

Tampoco faltaron quienes, tras la disolución de la Unión Soviética, publicaron sus propias teorías en las que alteraban el transcurso de los acontecimientos y la identidad de la joven heroína, pero esas informaciones no fueron más allá de meras hipótesis.
El cuerpo sin vida de Zoya fue dejado colgando en la misma horca durante todo un mes y continuó siendo objeto de bromas y humillaciones por parte de los alemanes. En enero de 1942, Petrishevo fue liberada por el Ejército Rojo y Zoya enterrada en el cementerio de Novodévichi, donde reposaban en ese momento figuras como Nikolái Gogol o Antón Chéjov.
El 27 de enero fue publicado el artículo que descubría la historia de Zoya en Pravda y, casi inmediatamente, en febrero Stalin condecoró a Zoya Kosmodemyanskaya como la primera Heroína de la Unión Soviética. Tres años después, su hermano Alexander fallecía en combate con 19 años y fue condecorado con el galardón de Héroe, también de forma póstuma.

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